miércoles, 11 de octubre de 2006

por fin, por fin Colombia

Colombia

El viaje
Hace trece meses había dos países que no pensaba visitar nunca: la India y Colombia. Después de determinados encuentros el verano pasado en Costa Rica, estos destinos se convirtieron en un objetivo prioritario en mi agenda. Y a Colombia ya llegué. Y llegué a un país que vive en medio de un conflicto armado que parece oculto a mis ojos, con orden y limpieza, con paisajes preciosos y, sobre todo, una gente encantadora. Casi tres semanas y las sensaciones son excepcionales. Que siga así.

Santa-Fe-de-Antioquia

Desde la mismísima frontera, aprecié y agradecí la calidez del colombiano. Sinceramente y sin exagerar, increíble atención y mejor predisposición. En Bucaramanga encontré tras mucho tiempo sumergido en el caos, una ciudad tranquila, muy tranquila. Y allí me esperaba Patricia, con quien comparto la pasión por los viajes y a quien conocí hace casi dos años en un foro cibernético al que acuden viajeros independientes para intercambiar información para sus aventuras. En el mismo foro, conocí a Fernando de Santiago de Chile y a Carolina de Buenos Aires.

Bucaramanga

Desde hace ya unos meses, y por diversas cualidades que quise intuir en ella, Patricia se había convertido en un referente principal en mi recorrido por esta ‘tierra tricolor’. Por ello me pareció una idea muy atractiva sugerirla a subirse a bordo de esta mi aventura. Después de un par de meses de perfilar recorridos y proyectar momentos, días antes sucedió ‘lo extraordinario’ en forma de compromisos laborales de última hora pero también, y como me temía, temores a ‘convertirse en una más’ (¿¡!?).
Atenta a mis necesidades, me ofreció alojamiento en su casa junto a su madre. Con el pasar de los cinco días, una confusión de emociones extrañas se apoderó del ambiente.
Y así llegué a Medellín y a casa de Mauricio donde Sonia y Orlando, sus padres, Alejo y Esteban, sus hermanos y Lucía, su tía; me acogieron como uno más. Y tanto fue así que más de una semana pasé entre su cariño y atención.

amigos en Medellín

Cualquiera lo dudaría pero para nada tiene que ver en la actualidad la realidad que nos llegaba hace unos años de esta ciudad, más conocida por los estragos de la violencia en torno a la droga. La droga sigue existiendo pero sus ‘comerciantes’ ahora se camuflan dejando atrás las extravagancias del famoso Pablo Escobar, máximo exponente hasta su muerte del cártel de Medellín. Actualmente es una ciudad (mucho más) tranquila, organizada, dinámica, pujante en lo económico… y que recupera los espacios públicos para una población que vivió prácticamente durante muchos años sin hacer vida social.

centro administrativo

Desde luego en esta ciudad podría vivir un tiempito muy, muy a gusto. El ritmo de vida que tuve en Medellín fue agotador; de un lado para otro sin parar. Como a mi me gusta. Aprovechando el tiempo. Yo creo que nunca conocí a tanta gente en tan poco tiempo.

medellin de noche

Puedo decir que en esta ciudad conocí tanto a personas que viven en unas casas y pisos espectaculares (éstos últimos de casi 300m2) como familias que moran en barrios muy humildes como el de El Morro, un asentamiento de 40.000 personas construido sobre un antiguo basurero.

desayuno en el barrio de El Morro

En esta misma línea me fui a la zona rural del oriente de Antioquia para conocer la organización de las comunidades campesinas, muchas de ellas azotadas por la violencia del conflicto armado. Así y a través de Yeidi, una joven paisa (como se llaman los que viven en Antioquia) a quien conocí de manera fortuita de camino a Medellín, pude entrevistar a María una mujer que ha sido obligada al desplazamiento. Millares son los casos en este país de personas y familias que han sido obligadas a dejar sus casas y tierras por causa de la guerra. Su testimonio, impresionante tanto como los escritos en forma de versos que le ‘inspira’ el conflicto armado y que leyó con pasión y dolor..
El recorrido por esa zona rural precioso y más aún tras realizarlo en chiva (autobús abierto –sin cristales- tradicional utilizado tanto para el transporte de pasajeros como de mercancías).
oriente de Antioquia

Casi escapando de todo y de todos, dejé Medellín en dirección norte hasta llegar a Cartagena de Indias. Cartagena representa todo lo que supone el caribe; arquitectura colonial española, negros, mulatos (mulatas preciosas), gastronomía, arte, calor (calor asfixiante), ritmos pausados, desorden… Cartagena me recuerda mucho a La Habana y Santiago de Cuba. Tal es la magia que tiene este lugar que estos días dos películas se están rodando. Ayer pude intuir tras un maquillaje increíble a Javier Barden, mi actor favorito. Cartagena de noche es una ciudad espectacular. Muy bien iluminada, actividades como pasear, cenar al aire libre, charlar… se convierten en un auténtico placer. Sus gentes, gente muy ‘bacana’.

cartagena de indias 3

‘Sin tetas no hay paraíso’
Así se llama una novela colombiana y de la que actualmente se pasa una serie en televisión. Me encanta el título y lo hago alusión porque uno de los sectores más pujantes de la ciudad de Medellín es la cirugía estética. Otros de los sectores más relevantes en lo económico, sino el que más, es el textil. Esta atmósfera invita en el especial a la mujer a alcanzar determinados ‘estándares’ de belleza, llegando en muchísimos casos a acudir a la cirugía. También a ese fenómeno contribuyó la época dura del narcotráfico en que por aquel entonces –me cuentan- algunas mujeres se lucían delante de los capos de la droga. Esta es precisamente la historia de la novela y serie de TV, el deseo de una joven por operarse las tetas y conquistar con más realce y posibilidades a algún capo y vivir al lado suyo un mundo de lujos.

pasión en Medellín

No son pocas las mujeres que se llegan hasta Medellín para operarse ya no solo el pecho sino cualquier otra parte del cuerpo. Es un negocio en auge, tanto que la gran mayoría de estudiantes de medicina de la ciudad, aspiran a ser cirujanos plásticos.
Para la que esté interesada, una operación de pecho vale aquí en torno a los 1000€. Es maravilloso pues te tomas un avión en Barajas (próximamente está previsto un vuelo directo) destino Medellín, te pones unas tetas espléndidas y luego te vienes a Cartagena a tomar el sol y a tostarlas y te vuelves a España con otro glamour y mucho morbo también “Josefa, ¿me enseñas las tetas?”, “Benganita, ¿te puedo tocar las tetas?”. Y todo por el precio módico de unos 2000€. Lo tengo claro, en mi próxima agencia de viajes, voy a promocionar este ‘tour’.

mujeres en medelín

Pasear por la zona rosa de Medellín es un ejercicio cardiovascular recomendable. Pechos exuberantes te acorralan. Todos o casi todos hemos imaginado a esa amiga fantástica, guapísima y dulce pero sin pecho como sería si tuviera un buen pecho. Aquí en Medellín, el ejercicio de abstracción es el inverso. ¿Cómo sería ésta mujer sin tetas?
Por las mujeres con un gran corazón.

noche en Medellín

No fue suficiente
No fue suficiente no, lo que me provocó el juego de manos que inicié en aquel cine. La complicidad mutua ante tu gente. Tu tiempo y tu predisposición a agradarme. Los propósitos para enderezar el presente. Mis acaricias sobre tu espalda descubierta durante esa obra de teatro. Aquel beso que me lanzaste la última noche. El paseo hacia casa amarrada a mi brazo.
No te perdono haber dudado de mi. No haberme llevado a San Gil. No haberme llevado a comer hormigas de no sé qué nombre. No haber aceptado mi lado izquierdo.
Y dices deberme una, la quiero ya.
Lamentablemente tu altura es demasiado para mí, para mi alter ego.

cartagena de Indias 2

Momentos
Aquella cena invitado por Fernando Echeverri, un chef español a punto de instalarse en Medellín. En la mesa; Fernando, Didier (un vasco francés visitando a su novia y con idea de quedarse también), Mauricio y yo. Más de cinco horas de cena y sobremesa, seis botellas de vino español, tres platos de sabor familiar, infinitas risas y consiguiente brindis por las mujeres paisa, dos horas que esperó Mauricio por mi durmiendo en su coche, cuatro horas de sueño y recuerdos imborrables.
Aquella bendición del Padre Andrés de la casa recién habitada por María y sus dos hijos. Además de la casa también fue bendecido mi proyecto de viaje. Testigos del acto fueron el hijo e hija de María, Alejo (hermano de Mauricio) y yo. Apenas hacía veinte minutos había hecho acto de presencia en aquella casa y ante esas personas desconocidas. Yo no sabía donde me llevaba. ‘Esta es la casa de Dios y, por tanto, también es tu casa’ me dijo María. Y también lo fue el rissoto con el que me brindó a mi llegada y el vaso de vino blanco. De la puerta a la mesa en tan solo dos segundos y sin apenas tiempo para presentarme. Bendecido quedé ante esa gente tan maravillosa y ante Dios.

botero

Aquel momento en que tras despedirme de Miguel después de ayudarle a planificar el viaje de su familia al norte de España (en aquella terraza de su piso, más grande que toda mi casa junta), sacó varios billetes de su cartera para ofrecérmelos. En este caso no gozaba de la suficiente confianza como me ocurrió con Francisco en Rosario-Argentina para rechazar un ofrecimiento de ese tipo. Aunque Mauricio dice que no, me quedará la duda si mi negativa a aceptar ese dinero de Miguel, pudo ofenderle. Espero que no.

Equilibrios en Medellín

Aquellos instantes posteriores a beberme uno de tantos jugos de guanábana con leche. Deliciosos.
Aquel mail que nunca pensé que pudiera llegar: ‘Te escribo para contarte que por el momento no existe la factibilidad de poder realizar tu proyecto en esta Campaña Antártica de Verano 2006/2007, lo tendrán pendiente para las próximas oportunidades que surjan en la
planificación de las campañas antárticas’. Mucho trabajo le dediqué y mayores expectativas proyecté. Era una buena oportunidad para mi futuro profesional. Ahora mismo es una desilusión.
Aquellos dos mails de mi hermano Javi e Iñaki que me anunciaban que a comienzo del próximo año, mis cuñadas respectivas darán a luz dos varones. En ambos caso, me dicen que no hay duda que son varones. Los Jiménez somos así. Dice mi hermano ‘el niño estaba sentado con las piernas cruzadas tipo indio y rascándose la barbilla con la mano derecha "no podía ser otra" y como si lo supiera llegó la hora de ver el sexo, se acomodó de tal manera que ahí estaban los testículos y la colita’.

Cartagena de Indias 1

Aquel hombre al que he estado buscando por medio Cartagena de Indias para comprarle una guayabera (camisa típica del varón caribeño). Ese hombre es un vendedor ambulante (¿por dónde?) de guayaberas ‘bonitas y baratas traídas de Panamá’ me hablaron. Tercer intento frustrado. Cuando mi hermano Luismi vino a Colombia hace unos años a trabajar a Cali, le pedí me comprase una. Lo que me llevó al final fue un saco de ‘Café Colombia de Juan Valdés’. El año pasado (el día de Covadonga Patrona de Asturias. ¡Cómo olvidar aquel día de desesperación!), el único día que dispuse en Panamá City antes de irme a convivir unos días con los indios Kuna a sus islas, mi tarjeta VISA estaba bloqueada y no pude comprarme guayabera alguna. Por despecho y ya con liquidez, compré a los kuna alguno de sus tejidos coloridos. ¡¡Papá, habrá que ponerles un marquito, no??
Con lo mono que hubiera estado yo luciendo una guayabera por estas calles de Cartagena resaltando mi bronceado. ‘Pues le quedaría muy chévere Señor con ese color de piel y eso color de ojos’ me decía con coquetería la vendedora de una tienda a la que pasé hoy antes que la respondiese con lástima “muy cara mi amor, muy cara”. Ni tan siquiera llegaba a 25€ pero un lujo para mi presupuesto actual.

cartagena de indias 6

Aquella sensación que me dejó escuchar a Lina contar su experiencia como colombiana, como “sudaca” en Madrid. Tras quince días de jornadas de trabajo interminables como protésica dental no solo no le pagan sino que además la amenazan con denunciarla por situación ilegal en el país. “Sudaca de mierda” tiene que oír de un hijo de puta que casi la atropella. Rabia y miedo al presenciar en el metro una agresión a otro latino simplemente por ser “sudaca”. Los padres de Mauricio me contaron que hace unos 30 años en un viaje que hicieron a Alemania se encontraron con un cartel a la entrada de un restaurante que ponía “Perros y españoles no”. Aunque creo que es una cualidad muy, muy extendida en la sociedad occidental de hoy en día, creo que en España la ignorancia es la principal característica que nos identifica a los español. Somos un pueblo ignorante. Con tiempo y en otro contexto, se lo argumento a quien quiera escucharme. Para el caso que nos ocupa, no es que olvidemos nuestra historia como pueblo emigrante, simplemente y en el mejor de los casos, no la tenemos en cuenta y cuando no es por desconocimiento.

Trafico-en-Medellín

Aquel susto cuando llego a la habitación del impresionante hotel al que he sido invitado en Cartagena de Indias y leo el siguiente encabezado de tres líneas que acompaña a la carta que me da bienvenida: “Sr. Antonio Jiménez – Escritor – E.S.M.”. Me quedé perplejo cuando vi el nombre de mi antigua empresa (ESM) escrito en aquella carta, en aquel hotel, en aquel momento, en aquel tiempo tan lejos ya de mi pasado. Al día siguiente, cuando fui a saludar a mi contacto, le pregunté de dónde habían sacado eso de “E.S.M.”. “Señor Jiménez eso significa ‘en sus manos’” me contestó con humildad. Y yo pensando durante más de siete años que era “Europa Seguridad Minera”.
Aquel momento en que cenando solo y rodeado de parejas en la terraza del restaurante situado frente a la Catedral de Cartagena de Indias, sentí por primera vez que hay ciudades o lugares a los que no se puede ir sin la compañía de una mujer con un gran corazón.

Te eché de menos
Eche de menos tu elegancia colgada de mi brazo mientras el pasear firme sobre tus tacones deja constancia de tu femineidad sobre las calles iluminadas.

cartagena de indias 5

Eché de menos tu presencia cuando me preguntaron ¿mesa para dos Señor? y más aún cuando posteriormente llegaron los músicos y me dijeron ‘¿una romántica patrón?. Eché de menos tu conversación mientras degustaba en aquel elegante restaurante frente a la catedral un sabroso pargo con calamares y champiñón. Eché de menos tu complicidad mientras me bañaba en la piscina del hotel bajo la madrugada que vigilaba la luna llena. Eché de menos tu cuerpo cuando me extendí en esa inmensa cama y no encontré a quien abrazar en el lado izquierdo. Te eché de menos. ¿Dónde estás? ¿Quién eres?

El momento
La vida nos depara momentos sublimes junto a otros más vulgares. Las dos últimas noches dormí en uno de los hoteles más lujosos en los que haya podido estar.

hotel

Una vez acabada la invitación, y a menos de cinco minutos andando de aquel espléndido lugar, está el hotel donde hoy dormiré, más bien un motel. Parejas salen y entran de las habitaciones sin disimulo. La que está justo en frente de la mía (la 303) debe ser la más solicitada pues tiene gran movimiento. Cuando me di cuenta de esto, le sugerí al ‘pelao’ que me atendió, que me redujese el precio de mi habitación a la mitad pues le garantizaba que yo no iba a dormir acompañado. No hubo manera de persuadirle. La cama es de piedra así como la mesa sobre la que os escribo estas líneas. La silla no, la silla es de plástico. Al lado de mi portátil, una bolsa con media piña. La otra mitad ya me la comí. Hoy me dio un antojo, bueno en realidad fueron dos los antojos. El primero fue yogurt líquido. Extraño pues nunca he comprado yo esas cosas. Lo rechacé por caro (apenas euro y medio). Al segundo no me resistí. Una piña entera para mi solito. La segunda vez que hago una cosa así. Pero a diferencia de la que me comí en Brasil, esta está demasiado agria. Y mira que me avisó el hombre. Y ahora mamá no puedo terminar con ella. ¡¡Es que está muy agria mamá!! Junto con la piña y dos bolas de una especie albóndiga grande de carne y huevo con patata, esa ha sido mi cena. Todo por euro y medio.
Hace unos minutos me asusté cuando la televisión (sin mando y sin botón de encendido) se encendió os lo juro sola. Apareció el Canal 67 pero en blanco. El 68 no aparece y el 69 como siempre, tampoco funciona. No sé si esto es una señal. 30€ la noche y con un fantasma como compañía. Espero que al menos tenga un gran corazón.

fernando alonso


En Cartagena de Indias a 11 de octubre de 2006