lunes, 22 de enero de 2007

justificando este viaje, mi vida … llegó Andrés

La noticia que me llegaba de mi padre
Querido Toñín:
Espero que ya estés en zona comunicada y puedas recibir esta nueva noticia.
El pasado miércoles, día 17, nació ANDRES, eran las 13.20 horas cuando en presencia de madre y padre, vio luz nuestro nuevo eslabón, que sin lugar a dudas, hará grande y gorda nuestra cadena familiar.
Resulta corriente que un abuelo pondere su descendencia, pero en este caso no es la pasión la que hace que tenga que admirar a la criatura, es muy rico, pesó 3,750 Kg. y midió 51 cm., aunque que como dice Javi, está mal medido, no le estiraron y lo hicieron de rutina y sin poner precisión en el acto de tallaje. Es igual, digan lo que digan es un fenómeno.
Pasé a verle a las 13,30 horas, es decir a los 10 minutos de nacer y ya estaba con los ojos abiertos y buscando el pecho, a las 13,45 horas, se le pusieron al pecho y dicen que se agarró como una fiera, será un buen artillero, al menos del fogón. Iremos preparándole los útiles de cocina y su vestimenta al caso, las buenas cosas habrá de asumirlas desde pronto.
La niña no se acerca a él, sólo cuando pasa por el lado del cochecito dice "¡Anessss...!. Para comérsela.
Esta es la información que mejor podía darte. Muchos besos de todos.


andrés

Andrés
¡Bienvenido sobrino! Recibo la noticia de tu llegada cinco días después de tu nacimiento. Cada vez lo hago peor. Si la llegada de tus primas Paula y Lucía me sorprendieron lejos de Toledo, en Oviedo, la tuya llegó en un lugar aislado y remoto de la costa del pacífico colombiano. En ningún caso significa indiferencia, sino exigencia de un guión que defino apenas con el destino.
Estos días te pensé mucho, pendiente de ti. Más aún cuando visité una comunidad indígena donde había varios niños con apenas unos meses de vida. Muchos de ellos desnutridos y sin gozar de las comodidades y ventajas de las que tú ya estás disfrutando. No me cabe la menor duda, conociendo a tus padres y al resto de la familia, que crecerás con conciencia y responsabilidad social. Mi mejor deseo para ti es que así sea. Que tu llegada y vida nos inunde a todos nosotros, los tuyos, de alegría y orgullo. Será la mejor prueba de que viniste a esta vida para aportar, sumar, construir... Si así es, tendré la suerte de aprender mucho de ti.
Perdona querido sobrino que me ausente durante estos próximos meses de tu vida. Cuando regrese y por fin nos podamos unir en un fuerte abrazo, será entonces cuando ya no me separe de ti. Compensaré esta ausencia con el mayor de mi cariño y atención para siempre.
Mientras llega ese abrazo, retén para compartir más tarde conmigo todas las emociones que me perderé, tanto las tuyas como la del resto de la familia. En cada uno de los gestos que sientas de veneración, atisba por favor, mis propias caricias, mis susurros, mi ilusión…
Regateo entre el tiempo, la distancia y los que te adoran en este instante, para darte mi primer beso, beso de admiración, alegría y complicidad. ¡¡Andrés, que tu llegada sea un parabién!!

El viaje
Pocos días después de dejar la costa caribeña del golfo de Urabá, llegaba a la costa pacífica colombiana. Gracias a las gestiones que realicé, conseguí por cortesía pasaje de avión y alojamiento. Por tanto, llegaba a la zona en condiciones inmejorables tanto para disfrutar del entorno como para realizar el reportaje oportuno.

Playa Olímpica

La zona, que pertenece al departamento del Chocó, es una zona virgen en plena selva tropical húmeda (uno de los lugares más lluviosos del planeta). Posee una gran diversidad de paisajes; playas salvajes, ríos, cascadas, paisajes submarinos… Además, desde la costa pueden verse durante los meses en los que llegan a dar a luz, las ballenas.

El Valle

Habitan la zona los afrocolombianos llegados a estas tierras huyendo de la esclavitud y población indígena de la etnia embera. Los primeros viven junto al mar y los segundos tierra adentro junto a la orilla de los ríos. El aislamiento al que están sometidos (solo se puede llegar o salir por avión o barco desde Buenaventura en viaje de varias horas) hace que la inmensa mayoría no haya salido de su propia comunidad. Pocos son los núcleos habitados que se extienden por toda la costa. Los principales son Bahía Solano y Nuquí.

Nuquí

Nuquí fue mi primer destino. Desde ahí pude recorrer su costa sur, visitando lugares de gran encanto como Termales, un corregimiento de apenas 100 personas y que cuentan con unas aguas termales a 300 metros de la playa, por cierto una playa preciosa.

Termales

Lástima que el sol se hizo el remolón y me impidió fotografiar con dignidad todo lo que visité durante estos siete días por el pacífico chocoano. Además, tuve serios problemas con la humedad que humedecía el cristal de la cámara.
Desde Nuquí en dos horas en lancha a motor se llega a El Valle. Es éste otro corregimiento de unas 700 personas que cuenta con una playa enorme, la playa Alegre donde me alojaron por dos noches. La vida en el pueblo muy llamativa en torno a la pesca. Buenas fotos.

niños en El Valle

Tras dos horas por un camino de tierra infame, se llega desde El Valle a Bahía Solano, mi último destino en el pacífico. Desde la Playa de Punta Huina disfruté de un escenario muy tranquilo y agradable. Solo éramos tres huéspedes.

Punta Huina

Desde aquí y tras una caminata de tres horas (habitualmente los pocos turistas que se animan a llegar hasta allí, se demoran algo más de cuatro) por río y mucho barro, llegué bajo la guía amable de Andrés, a la comunidad indígena Villanueva, una comunidad habitada por indios embera. Con ellos compartí charla y tras recibirme con recelo, terminamos en muy buena sintonía. Viven en unas condiciones precarias a los ojos de un occidental. Los niños padecen de desnutrición. Sobreviven de lo que obtienen de sus tierras y de lo que pescan del río o cazan de la selva. Sus principales ingresos provienen de la venta de sus artesanías. De regreso al hotel, fui pensando en lo enriquecedor de la experiencia, especialmente por poder tener acceso a otra forma de vida tan distinta a la que uno está acostumbrado a vivir. Aunque ya tenía la experiencia de la convivencia por varios días con los indios Kuna en el verano del 2005, ésta nueva me agradó como si fuese la primera.

comunidad indígena Villanueva

La inquietud de por vida
Noche inmensa decorada por una radiante luna llena. Con el sonido de fondo de las olas del mar caribe golpeando las piedras de la costa atlántica colombiana de Capurganá. Patricia a su ritmo, bebía cerveza. Yo zumo de melocotón. Intentaba responder a su pregunta ‘¿y de dónde te viene ese espíritu viajero, aventurero?’. La respuesta, por improvisada, fue caótica.
Días después y mientras desde la ventana del autobús desfilaban uno tras otro los paisajes, intentaba encontrar una respuesta racional.
Yo creo que mi espíritu viajero y aventurero es fruto de una personalidad inquieta que al borde siempre de la agonía que me da la certeza de estar viviendo una vida finita, encuentra en la vivencia de actividades extraordinarias o no convencionales, la sensación de estar aprovechando el tiempo de vida (finito). Por tanto, más que un viajero/aventurero, me considero una persona extremadamente inquieta.
Con la perspectiva que otorga el tiempo ya pasado intuyo algunos de los estímulos que pudieron socializarme hasta conformar una personalidad así y ser lo que soy actualmente. Si os interesa, acompañadme en este viaje de prospección interna.

Cascada en el PAcífico

Desde bien niño tengo el recuerdo de la radio sonar en mi casa. La recuerdo con nitidez durante las mañanas de los veranos mientras mi madre me ocupaba en alguna de las tareas domésticas que tanto detestaba. El sonido de la Cadena Ser formó parte de mi pubertad. Con mi amigo David, compartía las novedades de nuestros programas favoritos. ¿Te acuerdas David del programa que presentaba Fermín Bocos sobre las cuatro de la tarde y que nos acompañó todo un verano?. No recuerdo cómo pero me hice con una radio pequeña que me acompañaba desde que me levantaba hasta que el sueño de madrugada se apoderaba de mi mientras escuchaba alguna historia de desamor muy propia de los programas nocturnos. Desde entonces una radio pequeña duerme siempre en mi mesilla. La actual la heredé de mi abuelo Antonio (¡¡saludos abuelo!!). Nada más levantarme, enchufo la radio (Radio 5). Me acompaña al baño, mientras me visto, a la cocina… La radio seguro que me ayudó a recorrer el mundo a través de sus noticias.
Si existió en mi infancia un ‘juguete’ o elemento de recreación que me fascinase, ese eran las chapas de las botellas de cristal. A través de ellas personalicé ciclistas y jugadores de fútbol. Sin lugar a dudas, fueron mi gran pasión. Recuerdo con ilusión aquellos recreos en la época del colegio donde organizaba carreras ciclistas con las chapas. Aprovechando las hojas de los impresos que mi padre usaba para realizar su trabajo, yo anotaba los puntos que cada uno de mis compañeros iban consiguiendo con sus ‘chapas/ciclistas’; las metas volantes, la montaña, la general... Esas fueron mis primeras experiencias como organizador de ‘grandes eventos’ y de ahí el agrado que me supone organizar eventos en los que hay que estar pendiente de todo y todos. Con mi amigo Carlos, recién catapultado a padre (¡cómo pasa el tiempo!), invertí horas y horas jugando al fútbol con las chapas. ¡¡Carlitos, ¿una partida?’. Éramos internacionales pues organizábamos mundiales y competiciones europeas lo que me permitió quizá ir dando forma a este mundo. Recuerdo haber ido registrando los equipos que conformaban las distintas ligas de países europeos y latinoamericanos. Lo que parecía un simple juego de niños, seguramente nos permitió ir conociendo geografía. Años posteriores era capaz de identificar gran parte de las capitales de este complicado mundo.

Playa de Guachalito

Mis primeros pinitos como periodista, como escritor los di a través de las crónicas que personalmente realizaba sobre esas partidas de fútbol con chapas. ¿Dónde quedó aquel cuadernillo de espiral donde anotaba a bolígrafo verde tantas jugadas increíbles, tantos goles fantásticos…?. Recuerdo que cada vez que iba al médico, le hacía a mi madre comprarme el ‘AS’ y así además de mitigar la espera, aprendía a redactar una crónica. Con el paso del tiempo hacia la adolescencia aquella destreza en la escritura, me permitió expresarme en cartas de (des-)amor que hasta a mi me encantaban. Es éste un género que me encanta aunque los mejores resultados los obtengo cuando me motivan…
Aunque en menor grado, la televisión también fue otro medio de comunicación que me fascinaba. Fue en la época adolescente cuando obtuve las mayores gratificaciones gracias a programas como ‘Al filo de lo imposible’ del que guardo en mi videoteca viejos capítulos de actividades siempre increíbles. O aquel programa ‘Latitud 0’, que recorría todos los mares del mundo. Recuerdo un capítulo en que visitaban una isla de Toga desierta que me llamó la atención y que rápidamente identifiqué en el atlas mundial que EL PAIS había sacado a través de fascículos. A día de hoy, aquella isla sigue marcada en círculo a lápiz en aquel atlas que permanece en el salón de la casa de mis padres en Toledo. ¿Seguirá desierta?
También recuerdo una serie de televisión española de título ‘Mujer en América Latina’. Aún conservo en video el último capítulo-resumen de la serie. Quizá fue mi primer acercamiento visual a la cruda realidad de América Latina. Y aunque maltratados por la parrilla de televisión, aún sigo fiel a programas de temática mundial tan míticos como ‘Documentos TV’ y ‘En portada’, éste último mi programa favorito.

Playa de los deseos

Después de tantos estímulos en torno a los medios de comunicación, no era de extrañar que desde bien niño quisiera ser periodista. Afortunadamente, cuando llegó la hora no pude estudiarlo. Tiempo antes ya había descubierto la existencia de la sociología a través de un amor de verano que me incitó a la lectura de algún libro por lo que opté decididamente por esa carrera. Aunque mi madre opina lo contrario, haber estudiado sociología me aportó mucho en lo personal, sobre todo en lo ideológico pues me permitió concebir la realidad del mundo de una manera diferente, más global, más crítica. A raíz de mis estudios universitarios y ante el disgusto de mis padres, rompí con mi compromiso de fe cristiana donde había militado activamente durante toda mi vida. Me gusta reconocer sin reservas, que en gran medida los valores que poseo como persona son una herencia de mi educación (familiar) en valores cristianos.
Desde bien pronto, asocié mi periodo universitario a Madrid. No sé cuánto de importante tenía mi opción de estudios como mi interés decidido por ir a estudiar a la capital. Afortunadamente pude conjugar ambos. Irme a estudiar a Madrid suponía un paso cualitativo enorme en mi vida. Era salir de una capital de provincia hacia la gran capital lo que representaba una nueva vida, nuevas amistades, nuevas oportunidades… Con diecinueve años llegué a Madrid en las mejores condiciones gracias al esfuerzo de mis padres. Tal era el grado de autoresponsabilidad al que llegué a Madrid que recuerdo aquel domingo soleado de noviembre en que mis compañeros de piso propusieron ir al Calderón a ver al Atleti, mi equipo de fútbol. ¡¡Yo a ver a mi Atleti!! Nunca había tenido esa oportunidad y me parecía una experiencia genial. Con un remordimiento grandísimo me fui al estadio pensando en el esfuerzo que le suponía a mi padre ganar aquel dinero que yo iba a destinar a darme un capricho. No se volvió a repetir.

Playa Alegre

Apenas me dio tiempo a disfrutar del mundo de oportunidades que suponía vivir en Madrid pues tres meses después de llegar allí, me ponía de novio con una chica de Toledo. Y así transcurrió mi paso por la universidad y por Madrid. Me dediqué de pleno a los estudios (saqué la carrera en cuatro años) y a la novia. No llegué a quedarme ningún fin de semana en Madrid pues me iba todos a Toledo.
Aunque no disfruté de la vida como universitario, si aproveché mi condición como estudiante. Así aproveché dos años seguidos para acudir a distintos Cursos de Verano. Salía del monótono verano toledano, conocía gente, ciudades, personalidades… y además ampliaba mi formación. Años posteriores y con la carrera ya finalizada, sería estudiante ERASMUS durante un año en Inglaterra. Una experiencia que gracias de nuevo al esfuerzo de mis padres, aproveché como una oportunidad única y con gran sentido de la responsabilidad (todo hay que decirlo). Dos veranos seguidos acudí al sur de Inglaterra a trabajar como monitor de campamento. El último de esos veranos lo compaginé haciendo la prestación social sustitutoria (en la biblioteca de la cárcel de Carabanchel) y con una estancia de dos meses en Cuba a través de una beca que obtuve en la primera convocatoria de un programa del Ministerio de Asuntos Exteriores. Aún no sé cómo logré ausentarme más de tres meses de la prestación cuando tan solo me correspondía, creo recordar, cinco semanas. Como siempre, estirando, estirando la cuerda hasta el límite. Afortunadamente, esta vez no se rompió.

juego en Playa Alegre

Como podéis comprobar pasé una juventud bastante inquieta y bastante alejada a cómo lo hacía el resto de personas de mi entorno (hermanos, pareja y amigos). Y aunque nunca se quejó -ni me quejé-, el tener novia me frenó un tanto. Yo tenía la ilusión de haber pasado un año en México en la UNAM estudiando un postgrado pero a eso ya no accedió. Ni tan si quiera lo moví. No me arrepiento, volvería a hacer lo mismo.
Siempre me he considerado una persona un tanto rebelde. En el colegio y en el bachillerato, siempre fui considerado como un estudiante revoltoso. Lo que me diferenciaba de los otros ‘chicos malos’ de la clase, era que yo era mejor estudiante que ellos. El rebelde normalmente era también mal alumno. Aunque nunca destaqué por ser de los mejores, tampoco era de los peores. Como casi en todo en mi vida, del montón.
En varias ocasiones mis padres tuvieron que ir a hablar con los profesores. Alguno de ellos, como ese hijo de puta de D. Luis Martín, llegó incluso a pegarme en dos ocasiones. Un día cansado de su despotismo, me despaché a gusto con él. Desde el fondo de la clase y con una claridad absoluta me salió del alma un rotundo: ‘váyase a tomar por el culo, jilipollas’. Acto seguido habría su libro de alumnos, buscaba mi nombre y en voz alta decía: ‘Jiménez Gómez, Antonio. Jilipollas igual a 0’. Semanas posteriores a este acto de (in-)disciplina, llegaba una carta a mi casa informando de un expediente académico que se me habría por mala conducta. Junto al suceso narrado, se detallaban otros tres actos de rebeldía: discutir en público y delante del Director del colegio una decisión suya, desinflar una rueda de un coche durante una excursión y encontrárseme en el vestuario de las chicas (con ellas dentro claro y a su petición. ¡¡Yo siempre tan servicial!!) ¿Dónde estará esa carta? ¿Se conserva, mamá?
Con esos problemas de insumisión y de subversión respecto al ‘ordeno y mando’, sigo viviendo. Imposible aceptar una orden sin creer en ella. Quizá por eso busco una salida propia a mi futuro profesional, alejado de cualquier estructura jerárquica a la cual estar sometido.

comunidad indígena embera

Otras experiencias que seguramente me influyeron fueron las vacaciones de verano con mi familia. Después de volver del campamento de verano al que acudíamos mis hermanos y yo todos los años (después terminaría siendo monitor), mi padre acoplaba al vehículo una caravana, mi madre hacía maletas y preparaba provisiones y así nos íbamos a recorrer España y durante dos veranos seguidos, Portugal. Nunca fuimos de playa y sí apasionados por las zonas de montaña: dos veranos en Pirineos, un año en Picos de Europa (mi primer contacto con lo que años posteriores terminaría siendo mi casa, Asturias y un lugar estupendo para hacer montaña, los Picos) y otro verano por Sierra Nevada. Eran las vacaciones familiares aunque dado el ritmo que llevábamos de un lado para otro, mis padres y en especial mi madre, no dejaban de realizar las tareas habituales de casa. Montábamos un avance en la caravana, una cocina y una tienda de campaña… era todo un montaje. Llegamos a llevar incluso una lavadora de plástico que funcionaba también por electricidad. Y cuando conocíamos la zona, recogíamos y marchábamos con la ‘casa’ a otra parte. Permitidme que os comente que cuando pienso en aquellas vacaciones, siempre me recuerdo de aquellos desayunos que mi padre organizaba en torno a un pan tostado al que untaba un ajo, rociaba con aceite de oliva y era el acompañamiento perfecto a una loncha de jamón. ¡¡Qué desayunos aquellos!!. Sólo ahora, ya mayor, me doy cuenta de la experiencia positiva que supuso para mis hermanos y para mi, aquellos veranos recorriendo el país de aquella manera más propia de los gitanos que de una familia de siete miembros con cinco niños. ¡¡Gracias a mis padres por la experiencia y el esfuerzo!!.

Corregimiento de Coquí

Y quizá esas experiencias de camping en aquellos entornos maravillosos rodeados de llamativas montañas, fueron el caldo de cultivo para, una vez llegado al lugar apropiado, Asturias, practicar el deporte de la montaña. Sin darme cuenta, rápidamente los paseos tranquilos se convirtieron en ascensiones a montañas para mi tan espectaculares y complicadas como el Everest. Y así poco a poco me fui adentrando en un mundo de montañas, de ascensos, de paisajes, de vivencias, de abismos… tremendamente gratificante. Sin lugar a dudas, el mundo de la montaña me ha permitido vivir tan diferentes sensaciones, como ninguna otra actividad en mi vida. Gran parte de esas experiencias se las debo a Chipi, Pablo y Honorio, sin los cuales yo no hubiese llegado a ninguna parte. ¡¡Gracias amigos!!
Durante varios años, mi periodo de vacaciones lo invertía en ir a la montaña. No barajaba otra opción. Sin embargo, en el verano del 2004 y después de regresar precisamente de disfrutar (y pasar miedo, mucho miedo) haciendo montaña por los Alpes, me fui con mi amigo Miguel en mi coche hasta Atenas a presenciar los Juegos Olímpicos. Aquel fue un viaje fascinante de bajo presupuesto (como todos mis viajes) por sitios poco recomendables y con escasas comodidades (como todos mis viajes). Fue mi primer gran viaje aventura y acompañado de mi amigo del alma. ¡¡Gracias amigo por soportarme!!

recorrido verano 2004

Aquel gustillo que dejó en mí ese viaje, me motivó a planificar un viaje de un mes solo por la Patagonia chilena y argentina. Afortunadamente aquel viaje no resultó por ‘problemas laborales’ y digo afortunadamente pues lo que tenía previsto realizar en un mes, me llevó en este viaje casi tres meses. Improvisando a última hora nuevo destino, elegí Costa Rica. Allí me desenvolví bastante bien yo solo. Durante aquel viaje en el septiembre del 2005, conocí a viajeros de larga duración que inquietaron mi respirar agónico. Pocos meses después y tras favorecer la rescisión de mi contrato de trabajo indefinido y sin ser una causa efecto de aquella agonía, tomaba la decisión de emprender este viaje en el que sigo inmerso.
Y eso es todo lo que he podido descubrir para entender quien soy y el por qué de mis decisiones. Me encantó este ejercicio de prospección interna para buscar aquellos indicios o estímulos del pasado que pudieron contribuir a que en la actualidad esté viviendo esta experiencia y a vivirla de la forma en que la estoy llevando a cabo.
Yo no poseo un cromosoma especial que me incite a viajar, a la aventura… Por el contrario, soy consecuencia, como he intentado demostrar, de múltiples estímulos, de una educación en valores, de vivencias diversas, de sucesos varios, de influencias ajenas, de encuentros enriquecedores, de experiencias propias, de sueños personales… Quizá por todos ellos y gracias a ellos, os escribo desde aquí, desde esta cabaña de un hotel apostado sobre la aislada costa pacífica colombiana, a la que solo se puede acceder por avión (o barco) y horas después de haber llegado de compartir temores, risas, complicidad, ilusiones… con una comunidad indígena embera en plena y pura selva.

Desde Medellín a 22 de enero de 2007