lunes, 13 de marzo de 2006

al sur del sur

El viaje
Haber llegado a las Torres del Paine significaba la realización de un sueño. Era enorme la ilusión por ver el perfil del macizo y encontrarme en medio del mismo y mirar en todas las direcciones hacia arriba, hacia sus cumbres.
Cuando llegué a Puerto Natales, puerta de entrada al parque, el mal tiempo quiso contrarrestar el caudal de emociones con el que llegaba. La predicción del tiempo para los días inmediatos era tan clara como las nubes y el agua y nieve que la vaticinaban.
Con la entrada al parque parece que tuve que comprar por el mismo precio un buen chaparrón que me mojó casi por completo. En mi turno entramos al parque cinco personas mientras que cerca de un centenar de personas esperaban su regreso. Eso ya me empezó a preocupar más aún. Mientras pasaba por su lado, en sus miradas adivinaba su pensamiento ‘¡¡dónde irán estos locos con el tiempo que hace!!’.
El primer día llegué hasta el Glaciar Grey bajo ráfagas de viento, me dijeron, en torno a los 70 ó 80 km/h. sin lluvia pero con escasa visibilidad.

Glaciar-Grey

Una vez de vuelta en el refugio, no paró de llover lo que me hizo pensar en la retirada al día siguiente de forma muy seria. No podía creérmelo. Estar ahí en medio de tanta maravilla y no poder disfrutarla. Y empecé a agobiarme. Si me quedaba, no iba a disfrutar nada y si me marchaba, tarde o temprano me arrepentiría.

Amanecer sobre los Cuernos

Y eché de menos a mi amigo Honorio, para que me hiciese ver que el fuerte viento era una simple brisa, que las predicciones del tiempo son siempre erróneas, que esas nubes negras son anticipo de un prometedor sol… ¡cuánto me acordé de ti amigo!
Al día siguiente, me levanté y el tiempo no dejaba entrever mejoría alguna por lo que tomé la decisión de abandonar. Jose, un divertidísimo madrileño con el que coincidí, intentaba animarme; ‘Antonio, que esto es como las mujeres, hay que intentarlo siempre pues nunca se sabe’. No fueron las risas que provocó en mi sino un repentino cielo abierto lo que a las once de la mañana me animó a emprender camino. Aunque a los veinte minutos me sorprendió la lluvia, decidí sin inmutarme marcar un ritmo, como digo yo, ‘estilo Torreblanca’ hacia el valle del francés. Y sin merecerlo, por tantas dudas, tuvo a bien el destino de regalarme unos minutos de cierta claridad una vez que llegué al mirador del Campamento Británico para observar los espectaculares Cuernos del Paine.

Adivinando los Cuernos

Al día siguiente, me dirigí hacia las Torres del Paine, sin lugar a dudas, el icono del parque. Como los días anteriores, las nubes se apoderaban de la silueta de las cumbres. Sin embargo, la suerte me acompañó de nuevo y cuando llegué arriba pude disfrutar de la belleza rectilínea de las Torres. ¡Cómo es posible subir por esos muros tan verticales!

Las Torres

Realicé el recorrido denominado de la ‘w’, en sentido inverso por si el tiempo mejoraba con los días y así tener la oportunidad de ver el impresionante grupo de las Torres del Paine. Es un recorrido que normalmente se suele hacer en cuatro días pero que yo hice en tres ante las condiciones climatológicas (es perfectamente asumible realizarlo en tres días).
Salvo una noche que dormí en una tienda que alquilé, las otras dos las hice en refugios tras pagar en cada uno de ellos cerca de 30 €.
Ya en el autobús que me llevaba de regreso, fui la envidia de muchos cuando vieron a través de mi cámara la fortuna de la que gocé al poder fotografiar en aceptables condiciones los macizos del Parque.
¡¡Cuánto aprendí de esta experiencia!! Ahora Jose, tengo que aplicarla con las mujeres…

Las Torres ahora despejadas

Mujeres
Algunos me echan en cara que no mencione ningún affaire o historia con mujeres. Vaticinan que el sexo es lo que vende y que mi audiencia puede decaer si no incorporo de manera inmediata esta temática. Aunque la discreción en estos casos es conveniente, de momento no hay nada que contar. Eso sí, ya echo de menos un cuerpo de mujer sensible sobre el que abrigar estas nuevas sensaciones favorecidas por este deambular…

El weblog
No sabemos por qué pero efectivamente los comentarios que alguno habéis efectuado desde mi web, no conseguimos que aparezcan. El problema es de ‘Bitácoras’. Lo siento.

El presupuesto
Con alarmante desesperación, en apenas dos meses he consumido casi la tercera parte de mi presupuesto. Y lo peor es que no sé cómo. Chile es un país más barato que España pero sin lugar a dudas el país más caro de los que voy a visitar. Lo peor, para mi presupuesto, es que aún me queda ir al norte de Chile. Me alojo siempre en la opción más económica que como media es de unos 8€. En cuanto a la comida, no tengo una manera habitual de proceder. Si estoy alojado en un sitio con derecho a uso de cocina, suelo prepararme algo. De todas formas, como media, almorzar o cenar sale por unos 6 ó 7€. El transporte es también barato pero ahí también se va bastante dinero. Tened en cuenta que no es lo mismo viajar un mes de vacaciones donde no sueles privarte de nada que viajar por tanto tiempo. Lo que para aquel es barato, para las condiciones de éste, es caro.
La solución es evidente. Tengo que abandonar definitivamente cuanto antes de Chile y empezar a ofrecer reportajes a revistas.

El momento
La medianoche se apoderó de Ushuaia (Argentina) y la tranquilidad acoge las calles de ésta la ciudad más austral del mundo, a donde llegué apenas unas horas desde Punta Arenas y tras cruzar el estrecho de Magallanes y alcanzar la Tierra del Fuego. Desde esta sala de estar abuhardillada de madera diviso a través del ventanal lateral casi la luna llena. La recepción me apagó las luces pero aquí permanezco para concluir en compañía de la música de Sade, este mail a través del cual me acerco a vosotros mientras a uno y otro lado del Atlántico, todos dormís. ¡¡buenas noches!!

En Ushuaia, a 13 de marzo de 2006